Recaídas sexuales.


Todavía no estaba del todo despierta. Era una mezcla rara entre estar en medio de un sueño, que aún me duraba la borrachera de la noche anterior y que, en el fondo, no quería despertarme y recordar a lo que tenía que enfrentarme. Vale, todos recaemos alguna vez.
-Buenos días –me saludó Jose.
¡Noooooooo! ¡Maldita Estrella Galicia!
-Serán buenos para ti –gruñí en voz baja.
Mientras Jose salía medio desnudo de la habitación, supongo que a echar la primera micción de la mañana, me maldije una y mil veces. Asumí, de paso, lo egoísta que era por hacerle esto. El sexo fácil y rápido con alguien de confianza suena realmente tentativo a las cinco de la mañana, pero no debería alargarse hasta más de las ocho. Es una norma estúpida que me he impuesto, pero tengo la teoría de que todo lo que sucede antes de esa hora, puede justificarse con una frase muy recurrente: “no le des demasiada importancia, son cosas que sólo ocurren por la noche”. Lo sé, una auténtica estupidez, pero la verdad es que, si lo pensáis, nunca se le da la misma importancia a las cosas que suceden de noche que a las que suceden de día.
El caso es que me quedé dormida y por eso aún sigo aquí. Lo peor es que no recuerdo si me quedé dormida durante, o después, ya me entendéis. Pero da igual, es Jose, y hay confianza, para algo es mi exmarido.
-¿Bajamos a desayunar al bar? –me preguntó.
-¿No te duchas primero?
-No quiero que vuelvas a hacerme lo mismo. Si quieres irte, vete –respondió, tratando de fingir que no le importaba.
Me mordí el labio y desvié la mirada. No, no estaría bien escaparme de él por segunda vez consecutiva mientras estaba en la ducha. Yo sólo quería echar un polvo, pero claro, como soy una mujer no puedo hacerlo y quedar impune como un hombre. Reconozco que ese razonamiento no es muy válido, y tampoco me deja en mejor lugar, pero me ayuda a sentirme un poco menos culpable.
A mis treinta años, no me alcanza la memoria para recordar con cuántos hombres me he acostado, pero lo que sí recuerdo, es que con ninguno de ellos repetí la experiencia. Excepto con Jose, claro. Nuestra relación se alarga en el tiempo hasta los 16 meses, eso contando desde la noche que nos conocimos (la misma de nuestro primer polvo en la parte trasera de su Seat), el noviazgo, la boda, una discusión, una reconciliación, una bofetada, un polvo, discusión (con objetos voladores incluidos), reconciliación, pelea monumental (alargada en varios días consecutivos) y el definitivo divorcio hace tres meses. A día de hoy, todo ha sido sexo, huida, sexo, sexo, sexo, huída, sexo… Y así todo el tiempo.
-Estoy embarazada –solté de golpe.
La erección matutina que Jose no se molestaba en ocultar desapareció de golpe, como uno de esos globos alargados de los payasos deshinchándose a toda velocidad. ¡Ay, que penita me estaba dando! Movía los labios y trataba de hablar, pero no hacía más que emitir sonidos un tanto ridículos.
-No estoy segura de que sea tuyo –añadí, antes de que Jose consiguiera reunir las sílabas necesarias para formar una palabra.
Jose retrocedió unos pasos e intentó sentarse en una silla, de forma tan torpe, que se cayó al suelo. Se levantó rápidamente y se golpeó con la cabeza en la estantería, haciendo caer algunos libros. Trató de recomponerse y disimular lo mucho que le debía doler el golpe para recuperar parte de su hombría. Realmente me daba pena. Aunque más pena daba yo, embarazada y sin conocer la identidad del padre de mi feto.

Continuará… 
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2 comentarios:

  1. Hola Andrea , estas historias me hacen sentirme vivo" Engancha jejeje " ...Esperando el siguiente capitulo con ganas !! saludos Andrea ;-)

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    1. Muchas gracias! Pronto habrá nuevas novedades. Un abrazo muy grande!

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