"Dame alas para soñar". Velocidad - Silver y Nora




Pisé lentamente el acelerador y el coche se adelantó bruscamente, alcanzando a cada segundo una velocidad más elevada. 120 Km/h. Manejar el coche de Silver estaba resultando más complicado de lo que creía. Tenía que ejercer una gran fuerza en los brazos para mantener firme el volante, pero me sentía bien, me sentía poderosa y viva. Por un segundo se me pasó una absurda idea por la cabeza. La vida de Silver estaba en mis manos, y podía hacer con ella lo que quisiera, aunque con mis actos peligrara también mi propia vida. Podría arrojar el coche por un precipicio y rezar para sobrevivir. La velocidad aumentaba. 160 Km/h. Mi mente seguía confusa. Un bache originó un fuerte zarandeo en el interior del coche que hizo que Silver se diera un golpe en la cabeza al elevar su cuerpo hasta hacerlo chocar con el techo del vehículo. 195 Km/h. Con un ágil movimiento, mi acompañante se abrochó el cinturón de seguridad mientras se quejaba del golpe que acababa de recibir. 210 Km/h. La adrenalina fluía por todo mi cuerpo. Silver me hablaba, elevaba el tono de voz para hacerse oír, pero sus palabras eran indescifrables para mis oídos. Tampoco me importaba lo que quisiera decirme, solo quería seguir conduciendo. Se escuchaba más que nunca el sonido del motor y las ruedas rugir contra el asfalto. De repente, el paisaje se pobló de vegetación. Había árboles por todas partes, cada uno más grande y fuerte que el anterior. Nos adentrábamos en el bosque y la luz natural era escasa. Silver hacía aspavientos y trataba de controlar el volante, pero me negaba a cederle de nuevo el control. Algo dentro de mí se bloqueó. Sentí como si las marchas, los pedales y el volante se desordenaran ante mí. No era capaz de reaccionar, como si fuera un cohete recién inventado lo que estaba pilotando. Había perdido el control del vehículo y nos dirigíamos hacía un árbol inmenso.
– ¡Para! –gritó nervioso girando el volante con brusquedad. Solté de golpe el acelerador y el coche se paró en seco, impulsándonos con fuerza hacia delante.
– ¡Has sentido miedo, verdad! –le grité eufórica.
–No –negó casi sin aliento.
–¡Tu vida ha estado en mis manos! ¡Por un segundo pensé en arriesgarme a morir, si con eso conseguía que también tu vida pendiera de un hilo!


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-Dame alas para soñar: Sinopsis
-Dame alas para soñar: Murciélagos
-Dame alas para soñar: Humanos
-Dame alas para soñar: Nora y Eric



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