"Dame alas para soñar": HUMANOS



            Sin decir nada más, dejó su cuchillo y su lanza en el suelo y corrió hasta una gran piedra que estaba a escasos metros de la cascada. De un ágil salto, se colocó encima de la misma y se arrojó al agua. Me aproxime hasta la roca y me subí en ella para comprobar que se encontraba bien.
            –¡Eh! –le grité, pues no lo veía salir a la superficie.
No obtuve respuesta. Pasaron un par de minutos y no atisbaba rastro alguno del joven, a pesar de dirigir mi mirada en todas direcciones para dar con él. Cuando estaba a punto de perder la calma, unos brazos me empujaron por la espalda haciéndome perder el equilibrio y causando mi caída al agua. Comencé a mover las piernas y las manos con desesperación mientras intentaba gritar. No sabía nadar y no lograba mantener la cabeza fuera del agua más de tres segundos seguidos. El agobio y miedo que sentía era tan grande, que el poco tiempo que conseguía alcanzar la superficie no me bastaba para respirar el aire suficiente para mantener la consciencia. Tras una agotadora lucha sentí como alguien me agarraba y me ayudaba a mantenerme a flote. Respiré una enorme bocanada de aire mientras me sujetaba fuertemente al muchacho sin dejar de patalear.     
–¡No sé nadar! –exclamé entre gritos mientras hiperventilaba con agobio.
–Ya me he dado cuenta –me dijo mientras me sujetaba con fuerza e intentaba nadar conmigo hasta la orilla–. No te muevas tanto que vas a hacer que nos hundamos los dos. Relájate, que te estoy agarrando –me indicó con serenidad.
Me mantuve inmóvil mientras dejaba que me guiara, con el corazón palpitándome a una velocidad casi hiriente. 
Cuando estuvimos en tierra y me hube calmado, me sentí furiosa.
–¡Eres estúpido! –le grité.
–Perdona, pensé que sabías nadar –alegó intentando disimular sus ganas de reírse.
–¿Te perece divertido? –le pregunté al verle tan sonriente.
–No, perdona –mintió intentando ocultar su sonrisa–. ¿Quién no sabe nadar hoy en día?
–¡Alguien a quien nunca le han enseñado!
–Puedo enseñarte si quieres.
–No, gracias –rechacé con sequedad–. No necesito aprender a nadar.
–Te sería muy provechoso para situaciones como esta –comentó convincente.
–¿En la que tú me empujas al agua? –dije con el entrecejo fruncido.
–Sí

 ( ... )

 –Necesito saber a lo que me enfrento –repuse decidida.
 Miró al vacío. Dudaba, no sabía cómo explicarse, pero trataba de encontrar las palabras adecuadas. Sentía cómo el cuerpo apenas pesaba en el agua, y ya no me resultaba complicado flotar con la ayuda de sus musculosos brazos.
            –¿Sabes lo que es un Súper? –me preguntó cauto y con tono dubitativo.
            La pregunta me pareció ridícula y la respuesta tan obvia que me preocupaba responder y soltar una estupidez.
            –El lugar donde se hace la compra –respondí con dudas.
            Sonrió y sus ojos se achinaron.  
            –Es humana ­–susurró para sí, girando la cabeza hacia otro lado.
            Al escuchar sus palabras, perdí la firmeza de los brazos, que se posaban sobre sus hombros. Él me agarró aún con más intensidad por la cintura, dejando poco espacio entre nuestros cuerpos.




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2 comentarios:

  1. Hola!! por lo que he leido y la sinopsis parece interesante y misterioso, espero que cuando salga el libro poder leerlo,besos

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    1. Muchas gracias. Me encantaría que lo leyeras y me dieras tu opinión :)

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