Prostitución: ¿Cuánto pagarían por ti?



El volumen de la música se suavizó y se convirtió en un leve murmullo de fondo, distorsionado por los quejidos de un par de nuevos clientes molestos por el silencio, ajenos a la rutina del pub. Algunos rostros asiduos y fieles al local se acomodaron en los sillones, mientras otros se apresuraron a ocupar un sitio privilegiado, a orillas de una plataforma que servía a las veces de barra para los clientes, pero  que estaba a punto de convertirse en la pasarela del vicio.
Cuando el silencio comenzaba a resultar demasiado largo, una esbelta mujer de tez morena y piernas infinitas llenó la pasarela con su presencia. Vestía una falda de tablas roja que apenas le cubría el trasero y una camisa blanca cual colegiala virgen e inocente. Distaba kilómetros de ser algo parecido.
Comenzó a sonar Lenny Kravitz. La primera nota de American Woman suavizó el ansia de los presentes. La muchacha, animada por la ovación que le dedicó su entregado público, se contoneó con movimientos ágiles y limpios al compás de la música. Parecía una serpiente sigilosa que se deslizaba en busca de una presa fácil. Se agarró a la barra metálica vertical y abrió sus piernas mientras trepaba por ella. Unas finas y minúsculas braguitas negras quedaron completamente al descubierto. Los hombres la miraban con un deseo insaciable. Ella tenía el poder, y parecía que podía hacer con ellos lo que le diera la gana.
Era el momento de la puja; la joven le dedicaría unos breves segundos de baile erótico a aquellos clientes que considerara oportuno, para que éstos le susurraran al oído el precio que estaban dispuestos a pagar por ella.
El primero, tras sentir el calor de sus pechos desnudos en la cara, le ofreció una cantidad que no pareció satisfacerla, ya que sonrió con cierto desprecio. El segundo negó con la cabeza ante las insinuaciones de la chica, que ponía todo su interés en agradar al cliente, que parecía poco dispuesto. Un tercero parecía confuso ante el procedimiento que se llevaba a cabo en El Púrpura. Seguramente, no sabía que lo que se esperaba de él era que hiciera una oferta para comprar los servicios sexuales de la prostituta, así que ésta desistió en perder el tiempo con él. Un cuarto cliente, un hombre de mediana edad y más gordo que un gorrino, sonrió con cara de vicio insano. Cuando la chica se le acerco, él le agarró el trasero con una brutalidad innecesaria. Ella sonrió de mala gana y se aguantó las ganas de vomitarle en la cara. Se trataba de un cliente habitual que pagaba bien. Le susurró un precio y la joven, sin perder más tiempo con  ningún otro, tocó una campana que había colgada en un lateral de su pista de baile, para hacer saber a todos que el negocio estaba cerrado.
–¿No sientes curiosidad por saber cuánto pagarían por ti? –me susurró Tere por la espalda.
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Demi Moore en "Streptease"


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3 comentarios:

  1. esta mujer era una sex simbol en su día, yo que soy mayor jajaja (@pisciscamionero)

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