El sexo de calidad "normal".


Es hora de reconocer que las mujeres hablamos mucho de sexo –Uuuh, he desvelado un secreto de estado–. Lo hacemos a todas horas, pero sólo las amigas de verdad, porque hay muchos tipos de amigas: las amigas para salir de fiesta, las amigas para tomar café, las amigas para ir a los conciertos que a tus otros amigos no les gustan… pero las amigas de verdad, esas que son para siempre, son las amigas que hablan de sexo. Porque joder, si no le puedes contar a una amiga lo bien que te va en tu vida sexual, ¿de qué te sirve tenerla? Ya si te va mal en la cama, pues nada, te lo guardas y finges que eres la más fucker, no vaya a ser que te echen de la chupipandi. Porque a veces solucionamos los problemas reales así, hablando de sexo. ¿Qué te toca gastarte una pasta en comprar una lavadora nueva? No pasa nada, reunión urgente para rememorar una lista del “Top five” de los mejores amantes para tener la cabeza ocupada en otra cosa. ¿Qué tu novio te ha dejado y te sientes sola? No pasa nada, se recurre a la “chorboagenda” y ya hay tema de conversación con tus amigas para una semana entera. ¿Qué se te ha activado el modo “Odio a todos los hombres”? No pasa nada, unas cervezas y una lista del “Top five” de los peores polvos para recordarnos a nosotras mismas que tampoco nos estamos perdiendo nada.
Y en una de nuestras reuniones, Viky tenía activado el modo “Odio a todos los hombres”. Pero Viky siempre es muy dramática porque tiene mucha escuela. Y para colmo de males, acababa de acostarse con su increíble compañero de piso, estando ambos borrachos como una cuba. Eso era malo, pero no sólo por el alcohol y la incomodidad que se había implantado en la casa, sino porque el polvo había sido catalogado como “normal”, en cuanto a calidad se refiere. Y ese era el problema, porque “normal”, es mal. “Normal” es una palabra empleada para suavizar la realidad, como cuando una amiga te pregunta “¿Qué tal te cae mi nuevo novio?” y tú respondes “normal” por no decirle que es un puto gilipollas. “Normal”, siempre es mal.
–La culpa es tuya –le reprochó Dafne–. Ya habíamos llegado a la conclusión en reuniones anteriores de que los tíos increíblemente guapos no se esfuerzan en la cama.
–Es verdad –la apoyó Laura–. Es mejor acostarse con uno normalito. Se esfuerzan más porque, aunque te levantes al día siguiente con la cabeza a punto de explotar preguntándote cómo has podido acostarte con semejante elemento, te queda el recuerdo de haber disfrutado muchísimo. Esa es su baza para tener una mínima esperanza de que vuelvas a llamarle.
–Ya, pero no es sólo eso –dijo Vicky–. El problema es que es un cutre. A ver, no es que tenga esa mentalidad de que por ser un hombre tenga que invitarme, pero pidió que le cobraran sólo su parte de la cena, cuando había sido él el que tuvo la idea de salir fuera a cenar. Y a partir de la segunda copa, tuve que seguir pagándoselas yo porque me dijo que no tenía pasta. Y de vuelta a casa, tuve que pagar yo el taxi.
Mientras la conversación estaba en su punto más álgido, tuve que ausentarme para ir al baño. El de mujeres estaba averiado, así que usé el de hombres deseando que, mientras estaba en la cabina, no entrara ningún chico a mear en la letrina de pared. Pero no tuve suerte; entraron dos chicos a vaciar la vejiga.
Vale, creo que es el momento de que lo reconozcáis: los hombres también habláis entre vosotros de sexo. Oh, sí, claro que lo hacéis. Se supone que las mujeres tienen el monopolio de cotillear sobre esas cosas, pero no es así.
–¿Y te la tiraste? –le preguntó un colega al otro.
–Sí, tío. Pero me extrañó que no quisiera bajarse al pilón.
–¿Felpudo, o no felpudo?
–Felpudo, felpudo. Daba un poco de asco. Y creo que tenía las tetas operadas.Desnuda pierde mucho.
–¿Y qué tal?
–Bueno, tiene para dos o tres noches más. Puede que cuatro si estoy muy borracho. Joder, es que no le gusta hacer lo de la “mano caliente”.
–Que mierda, con lo que me pone eso.
–Le dije que me gustaba mucho. A ver si así innovamos un poco.
No quise oír más. Total, ya había terminado de hacer pis. Y no, no tengo ni idea de qué es eso de la “mano caliente”. Pero en serio… ¿felpudo o no felpudo? ¿Es esa la manera masculina de preguntar si está depilada? Salí del lavabo mirando al suelo. Sé que me dijeron algo, pero decidí no molestarme en prestar atención. Quizá me preguntaron algo del felpudo.
Volví a sentarme a la mesa con mis amigos y permanecí un rato asintiendo con la cabeza ante una conversación a la cual no estaba prestando la menor atención.
¿Qué dirán de nosotras nuestros amantes?


5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Los tópicos siempre están basados en algo, no? ;)

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  2. Jajajajaja q bueno, me parto con lo de felpudo o.no felpudo... Doy fe de ñque lo preguntan jajajaja muy buena entrada Sister! Sigue así, tq ;)

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    1. Me has pillado... ;) jaja
      Yo también te quiero! :D

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  3. Felpudo ou nos felpudo? Como dijo algún filosofo, a virtude está no termo medio, así que eu quédome coa moqueta! ��

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