El primer amor



Lo amé más de lo que nunca pensé que pudiera amar a nadie. Lo amé de esa forma que duele, de esa forma que cala hondo, de esa manera inexplicable en la que su felicidad importa más que la de uno mismo.

Cuando era pequeña, pensaba que el amor sólo podía llegarte una vez en la vida, porque no dejaba de escuchar a los mayores decir eso de “amor no hay más que uno”, así que pensaba que más me valía escoger bien. No quería gastar mi única baza en el amor con el hombre equivocado. Pensaba que si me confundía al escoger a quien entregarle mi corazón, tendría que pasar igualmente el resto de mi vida con él, porque en una ocasión mi madre había dicho que “antes los matrimonios no se separaban, aunque no se quisieran. Había que estar juntos hasta el final”. Y yo no quería eso, no quería estar al lado del hombre equivocado, ¡me daba igual que amor solo hubiera uno! Estaba segura de que alguna pobre desgraciada debía de haber por el mundo que hubiera gastado su único amor con quien no debía, así que, si me pasaba a mí, tampoco sería el fin del mundo. 

Después crecí y aprendí lo que era el amor, lo que era eso del hombre equivocado, y lo que era separarse. Todo junto, y con la misma persona. Pero lo que tuve que aprender por mí misma, es lo que significa olvidar. 

Lo aprendí el día que lo vi después de tres años. Ya sabes, a esa persona que amé, que ya no amo, pero que no he olvidado, porque es imposible. Estaba sentada en el autobús y él se sentó frente a mí, cara a cara, y me miró. Diría que intento disimular algún tipo de reacción que no podría calificar, pero sus pupilas se dilataron. No dijo nada, y yo tampoco lo hice. Entonces me pregunté si se acordaría de que un día me amó, si recordaría de qué sabor fue la tarta que le regalé en su último cumpleaños, si sabría en qué lado de la cama solía dormir y que música solía escuchar en aquellos tiempos. Un día planeábamos casarnos, y ahora no podíamos mirarnos a la cara. ¿Qué puede cambiar en el interior de una persona para fingir que no conoces a quién un día amaste? Me pregunté qué habría cambiado dentro de mí, porque yo tampoco quería hablarle. Me gustaría saber si recordaba el sonido de mi voz. Le miré a los ojos después de mucho tiempo, y él me devolvió la mirada. Entonces lo aprendí: el olvido no existe, es imposible. Jamás me olvidaría, igual que yo a él. 

También aprendí que amor sí hay más de uno, y a veces, mejor que el primero. Ama, disfruta, sufre, remonta, y vuelve a amar de nuevo. 


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4 comentarios:

  1. Los pelos de punta hermanita... Q bonito, amor si q hay más de uno, es más, creo q hay a miles... Es cosa de cada uno q eso suceda o no... Y de lo q dios quiera! Jaja

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    1. Tanto como miles... jaja Pero sí, hay más de uno
      Bicos!

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  2. Estoy de acuerdo contigo en que olvidar no se olvida. Lo que me sorprende es estar sentados uno enfrente del otro y que no se hablen o que no se levanten uno de los dos para cambiar de sitio.
    Un saludo.

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    1. Supongo que eso será lo que se llama indiferencia. El último nivel de la superación. O eso dicen.
      Un saludo, gracias por tu comentario.

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