Mi trasplante parte dos: Tere y "Me voy, pero volveré"


Colgué el teléfono y dejé correr algunas lágrimas.
–Non chores, que choro eu tamén (No llores, que lloro yo también) –me dijo Anabel.
–Puff, es que no contaba con esto para nada. Se supone que estaba en lista de espera provisional, que no me iban a llamar. Había conseguido tomar el Orkambi después de dar mucho por el culo y estaba en lista por si me daba un efecto secundario muy fuerte. Pero no tenían que llamarme. No sé si estoy preparada, no llevo ni dos meses en lista de espera, ni siquiera he ido a la charla…
Miré el teléfono y llamé a mi hermana.
–Iria, ¿qué haces?
–Estaba a punto de entrar en una tienda a hacerme un pearcing en la nariz.
–No te asustes. Coge un taxi y vente a mi casa cagando hostias. Me han llamado del trasplante.
–Voy para ahí.
Llamo a mi padre.
–¡Hola, cari!
–Hola, pa. No te ralles, pero me han llamado del trasplante.
–Vale, estate tranquila, voy para ahí.
–No, mejor no vengas. Ya vendrás mañana, no quiero malos rollos. Mañana vienes, cuando esté todo hecho ya.
–Pero, ¿cómo no voy a ir? Voy a ir, eres mi hija.
–Pero va a estar ma e Iria. No hace falta más gente que son muchas horas.
–No sé…
–Pa, te tengo que colgar que tengo que coger cosas para ir al hospital.
–Te quiero.
–Y yo también.
Después llamo a Teresa, una de mis mejores amigas, de esas de la infancia. Móvil apagado. Llamo a su madre y le cuento la situación. Me dice que tratará de ponerse en contacto con ella, que esté tranquila, que todo saldrá bien (es médico).
Le envío un mensaje a Jose para avisarle de que he recibido la llamada y se cancela la cena. Llamo a César para avisarlo también. Me doy cuenta de que posiblemente no tenga tiempo de avisar a todos mis amigos de lo que ha sucedido, así que se me ocurre publicar en Facebook el siguiente mensaje:

Me acaban de llamar para el trasplante. No sé qué pasara. Pero gracias a todos los que habéis estado a mi lado.
Aún queda saber si soy válida.”

Mi hermana Iria fue la primera en llegar. Al poco llegó mi madre con mi hermana Carla. Nos subimos al coche con lo que llevábamos encima y pusimos rumbo al hospital.
Al llegar, mi madre nos dejó en la planta 4º mientras ella iba a admisiones y a enterarse de qué teníamos que hacer. Mi mochila de oxígeno se quedó sin batería al poco rato y apenas podía respirar. No había tenido tiempo de cargarla, pero en vez de angustiarme, pensé “Si soy compatible con el donante, no tendré que llevar esta mochila nunca más. Se acabó vivir pendiente de una batería o de un enchufe”.
Mi madre llegó con los papeles y la seguí, no sé ni a dónde. Ese hospital era su segunda casa, pero parecía un laberinto. Lleva casi 30 años trabajando en él. He de reconocer que tengo mucha suerte de tener el hospital a 10 minutos de casa y no tener que moverme a otra ciudad que realice trasplantes, como le ha ocurrido a muchos de mis compañeros.
Y de repente, me encontraba en la planta 11, neumología, esa en la que siempre terminaba tarde o temprano, donde todo el mundo me conocía ya.
Tere me llamó.
–¿Es válido el donante? –me preguntó.
–Aún no lo sé.
–Hago la maleta y estoy ahí en media hora.
–Ponte plastilina en los calcetines.
Tere y yo de balneario
Tere es de A Coruña, como yo, pero estudia en Santiago de Compostela. Podría decir de ella tantas cosas, que contar solo un par de ellas me parece injusto para las mil restante que no pueda contaros. De pequeñas fingíamos ser brujas, y nuestra seña de identidad era ponernos plastilina en los calcetines porque nos daba “suerte”. Nuestras madres nunca llegaron a saber cómo narices manchábamos los calcetines de esa manera. Ahora ya saben la verdad. Con el tiempo aprendí que la suerte no existe ni es atraíble, solo la considero una anomalía estadística. Tere siempre ha estado ahí en mis momentos más bajos, en los peores que recuerdo, casi más que en los mejores. Es como Spiderman, aparece cuando más la necesitas. Creo que de mis amigos, es la que más sabe de mi vida y de todo lo que pasa por mi cabeza. Y yo siempre le predigo su futuro, porque casi la conozco mejor de lo que se conoce a ella misma (solo a veces). Con ella me fui de balneario, junto a mi mochila de oxígeno. Sí, esas cosas que hacen los amigos por las personas que llevan oxígeno 24 horas.
Las enfermeras me sacaron no sé cuántos miles de tubos de sangre, pero juro que nunca en mi vida me habían sacado tanta sangre. Tuvieron que hacerlo por dos vías distintas. Me dieron unas pastillas y me dijeron que había que esperar para saber si el donante y yo éramos compatibles, que solo se podía saber viendo los órganos del donante, y que estaban en ello.
En la habitación estábamos mis hermanas Iria y Carla, mi madre y yo. Al poco llega mi padre. Es importante saber que mis padres están divorciados y que muy amigos no son (suficiente información). Mi madre y Carla salen de la habitación y se cruzan en la puerta con él.
–Tranquila, va a salir todo bien –le dice mi padre a mi madre.
–Sí, lo sé.
Se dan la mano, con la voz entrecortada. Creo que debe de ser la primera vez que se tocan en 15 años.
–Te dije que no hacía falta que vinieras –le digo a mi padre.
–Pero tenía que venir, ¿cómo no voy a venir?
–Era por evitar malos rollos.
–Ahora no importan los malos rollos, ahora importas solo tú y lo demás no existe.
–Bueno, vale. –No me apetecía discutir.
Llega Tere. Me parece que ha llegado rapidísimo para venir desde Santiago. Entra acelerada y con los ojos vidriosos.
–¿Ya estás aquí? –le pregunto sorprendida.
–Creo que me han puesto dos multas, por el camino he visto dos fogonazos, estaba nerviosa y no sé ya ni a cuanto conducía.
–Es que no has tardado nada en llegar. No hacía falta que vinieras…
–Ya… Pero quería venir, quería estar aquí contigo, ni me lo he pensado. ¿Sabes algo ya?
–Aún nada.
Al instante entra alguien del personal sanitario (no recuerdo si era hombre o mujer, ni de dónde salía).
–Los pulmones son válidos. En un rato te bajamos a quirófano. Tienes que ducharte con esto y ponerte la ropa verde estéril –me entrega un camisón verde transparente, un gorro y unas calzas del mismo color y tejido.
Tere me ayuda a ducharme con una cosa que parecía Betadine. Me lavo el pelo con Gel de ducha. Cuando acabo, Tere me ayuda a secarme y me miro el pelo, súper enredado. Trato de mejorarlo un poco con las manos, pero es imposible.
–¿Y ahora cómo me peino? Si salgo así de quirófano terminaré con rastas.
Tere mira de reojo el neceser de la señora de al lado. Sonrío.
–Eso está mal –me dice.
–Mira a ver si tiene un peine.
Y lo confieso. Le robé el peine a la anciana de al lado. Bueno, no se lo robé, solo lo tomé prestado sin su permiso, y lo lavé a conciencia. Lo dejé como nuevo. Eso no puede ser delito.
Me visto con el “chándal” verde y me meto en la cama. Un par de horas después, me bajan a quirófano. Mis padres, mis hermanas y Tere me siguen junto al camillero. Me recuerda a un camino a la morgue. Pero no estoy nada nerviosa (a día de hoy reconozco que es porque no tenía ni puta idea de lo duro que sería después). Parte del equipo que me operará se me presenta, con alegría y simpatía, como si no fueran a abrirme el canal de lado a lado como a un cerdo. Supongo que pretenden que no entre nerviosa, pero no lo estoy.
–Bueno, aquí tienen que despedirse de ella –dice la coordinadora del trasplante.
–Chao –digo sin más, sonriendo y saludando con la mano.
–Chao, mi cariño –dice mi madre.
–¡Me voy, pero volveré! –añado. Mi madre se ríe.
“Me voy, pero volveré”. No es una frase cualquiera. Yo no lo recuerdo, pero mi madre siempre me recuerda una anécdota en la que cuando yo era pequeña, estábamos en el salón y yo no quería comer (como de costumbre), entonces ella me castigó mandándome a mi habitación. Y yo me levanté toda orgullosa, con los puños apretados y, al llegar a la puerta, con el dedo índice apuntando al cielo, me giré y le grité: ¡Me voy, pero volveré!

Porque yo, siempre vuelvo…

Mi madre, mi hermana Iria, yo, Tere y mi hermana Carla.


Continuará…

8 comentarios:

  1. Da gusto a positividade e Bo roio que tés. Facia falta mais persoas así e menos persoas roñantes

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    1. Moitas grazas, aínda que máis adiante vólvome un pouco máis rosmona jeje (a causa da dor )

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  2. me encanta tu historia es genial como la contas espero la tercera parte ,me hace rier y llorar al mismo tiempo

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    1. Muchas gracias! Pronto escribiré la tercera parte. Un abrazo!

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  3. Parece como si esas horas las hubiera vivido yo en primera persona.Es increíble que entraras tranquila Andrea ya que yo , leyendo esta entrada, me he puesto hasta nervioso.
    Seguramente uno no sabe cómo va a reaccionar hasta que se presenta algo tan fuerte como tiene que ser jugarte la vida a una carta.Un abrazo fuerte Andrea.

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    1. Gracias Jesús! Tu fuerza es envidiable! A seguir luchando, amigo. Besos!

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  4. No te imaginas la cantidad de lágrimas que salieron de mis ojos mientras leía estos 2 capítulos...
    Eres la demostración personificada de la fortaleza,la entereza y la positividad... Mi libro está ya en camino...espero algun dia encontrarnos por Coruña y que me lo firmes.
    Muchas gracias por hacernos partícipes de tu historia.
    Muchísima fuerza y a seguir recuperándote y escribiendo. Un abrazo y un beso enorme!!

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